No hallaré de mi una lagrima, brotar
sobre el surco de la mejilla.
No sabrán las flores mi pesar
ni el latido entrecortado de mis besos.
Escondidos van mis deseos
entre el bosque de la melancolía,
encorvados están los olmos
y retorcidos los hayedos.
Y saldrán finalmente los rayos
que calienten la amargura
arribando a blanco puerto
el destino de mi locura
viernes, julio 14, 2006
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